Se llega fácil desde la salida del metro de Sol, remontando la calle Mayor hasta la calle Santiago. Está aún más cerca desde Ópera. Cuatro pasos bien dados hasta el número 3. Allí está el Barbú, un garito amplio, de tres espacios y un aire familiar con otro espacio lúdico radicado en el número 1 de la calle Catania de Zaragoza, que se palpa desde el mismo instante en que se rebasa el dintel de la puerta. Los domingos de marzo y abril le dio por cambiarse de nombre: Estación del Silencio (EDS) Madrid, se puso. Ahora, en mayo y junio, ha decidido travestirse los jueves contra viento y marea, dos cosas que en Madrid no abundan. Por el lado metafórico, la lucha contra los elementos será menor.
El domingo 29 de abril se cerraba la primera fase de este experimento con una fiesta de homenaje a Héroes del Silencio, un llenazo a reventar y la llegada a los altavoces de la nueva versión de "Estrella fugaz", el tema de Niños del Brasil, remezclado ahora con esa aproximación al sonido maquinal que el propio Martin Gore, Daniel Miller y Flood dieron a Depeche Mode. "Ángeles y demonios", el nuevo EP, llegará hoy mismo a las tiendas.
Cuatro días después de la gran fiesta, taza y media. Antonio Estación anda desde temprano preparando todos los detalles. En Zaragoza, hace 20 años, Antonio abrió cierto bar que comparte nombre y logo con el protagonista de la noche. Madrid mira la nueva iniciativa con curiosidad: excepto el Garibaldi, un club especializado en performances de todo tipo que está a tres esquinas, los demás vecinos son de la cofradía del Rancio Abolengo. La "Ejtación" -pronúnciese con acento de Vallecas, por ejemplo- ha nacido con estrella. Manuel, socio de Antonio en este nuevo frente, es el responsable de una decoración cuidada y libre de recargos. "El baño de chicas, lástima que no lo puedas ver, es muy curioso", comentan por ahí en voz alta. Un chivateo posterior revela que el "conceto", como decía Manuel Manquiña en "Airbag", llega hasta esa dependencia de genoma prosaico que tantas veces, curiosamente, ha sido reivindicada como lienzo creativo desde Andy Warhol hasta nuestros días.
Música, maestro
Esta noche, a los platos, DJ Telephunken. Alto, con gorra de béisbol, el madrileño de fuertes querencias zaragozanas quiere ponerle algo de color a la noche. Lo conseguirá: buen tipo y mejor profesional. El público empieza a dejarse caer sin prisa y sin pausa a partir de la medianoche, hora fijada para el inicio de la sesión. La situación parece perfecta para un elegante juego de las vanidades al estilo Estación, es decir, sin vanidades que valgan. Se trata de ponerle nombre a esas caras populares del panorama creativo aragonés, o "aragonófilo", que también cuentan los allegados de corazón a la tierra que ha dado al mundo Migueles tan especiales y variopintos como Servet y Fleta.
Otro Miguel encabeza un pequeño grupo de gente del cine, que hace su aparición en el local de Santiago, 3 bajo las fanfarrias de los saludos cómplices. Miguel Ángel Lamata, director de "Una de zombies" e "Isi Disi 2", aparece acompañado de sus íntimos Maite Navales, Salomé Jiménez (actrices) y Miguel Ángel Aijón (actor y coguionista de Lamata), cuatro aragoneses que pasan del lustro y no llegan a los dos (lustros) en el exilio del foro madrileño. A la hora de presentarse son tímidos, o simplemente poco narcisos. "Después de 'Una de zombis' hemos hecho cosas en televisión por aquí como ` Esencia de poder` -Maite-, capítulos de ` Hospital Central` y participamos en ` Isi Disi 2` el año pasado". Lamata, más histrión, parece ducho en la tarea de reírse de su ombligo.
Junto a ellos, un par de parroquianos despistados empiezan a buscar la cámara oculta por las paredes, "no vaya a ser que esto sea un ´reality show´, que yo en teoría no estoy en la calle". Al fondo del club, el despiste alcanza un grado colectivo con un grupo de ocho trajeados que echan un trago mientras miran con cierta estupefacción la hornacina-cabina de DJ que sirve de escenario al fondo del local, además de comerse con los ojos a Jenny, la camarera jamaicana que sirve las copas en esa zona. Cuando la música sube de revoluciones, el clan de Wall Street abandona el local con sonrisas que secundan una broma que nadie más entiende. Uno de ellos se atreve a despedirse en "jerga", en un intento de meterse más en el ambiente relajado y modernete del lugar. "Está guay esto", suelta en voz alta, y levanta un dedo como el sheriff Lobo. La gente sonríe educadamente al muchachote entrecano, que está en el limbo de la "buena onda" y de una senectud ligada al Dow Jones. Telephunken ya ha empezado a pinchar.
Párraga y Julio
El reciente ganador de un Premio de la Música como mejor producción musical audiovisual ha sido de los primeros en llegar. Está más contento que un montañero en la cima del K2. "No me puedo quejar. Aunque si te digo la verdad, lo mejor de los premios fue encontrarme con Enrique, que también se llevó uno, darme un abrazo con Nacho Royo, y saludar a toda la gente de Zaragoza que había por ahí. Lo mismo que hoy, aquí nos juntamos unos cuantos". Párraga sigue sonriendo al acceder a un posado robado con la escultural Jenny, celebrado entre risas por Miguel Ángel Lamata y los suyos. Y se quedará hasta el final de la noche, haciendo afición.
Y literatura, también
Por ahí anda igualmente Julio de la Rosa. Su acento le delata: no nació a orillas del Ebro, ni del Gállego, ni del Noguera. Da igual, claro. Este jerezano de talento múltiple es el encargado de la editorial Chorrito del Foro, la extensión en Madrid de Chorrito de Plata, un invento de Antonio Estación y Enrique Bunbury. Como cantautor, Julio sigue la línea inquietante y evocadora de dos nicks, Cave y Drake, con un punto diferenciador: el uso de nuevas tecnologías para apoyar sus temas. Como prosista, Julio destaca en el relato breve. Chorrito de Plata le editó "Tanto rojo bajo los párpados" el año pasado. De la Rosa presenta en sociedad a Miguel Gara, el primer poeta que va a ser editado por Chorrito del Foro. "Conocí a Antonio por casualidad, como suele pasar en estas cosas y mira", dice el vate. El libro sale en junio, si no se tuercen las máquinas.
Telephunken sigue dándole hilo a su música catódica y pone a bailar a los primeros entusiastas. Aparece Álex Ferreira, el cantautor dominicano que está poniendo la mosca tras la oreja del Madrid "under", y que tocara hace unos meses en la Sala Z, a orillas del Huerva. Su compatriota y residente en Zaragoza, Leo Susana -líder y guitarrista de JLS, y nuevo fichaje de Puturrú de Fuá- anda comentando el concierto acústico que acaba de dar Álex en El Rincón del Arte Nuevo, cuna de Sabinas y Krahes. Mientras, Elaine, Patricia, Wendy y el doctor Alexander Lembert, acupunturista de moda en la Barcelona "in", lideran el colectivo criollo que se deja llevar por la música del "pincha".
Luis Párraga y Antonio Estación comentan las próximas noches de sol en el Barbú "travelo" y silencioso: hay un par de paisanos cámara en mano haciendo contrapicados y tomas diagonales que provocarán dolores de cabeza en el editor y en los espectadores de tal arrojo fílmico. "Vamos a ver qué pasa con el disco, estamos con ganas", dice Antonio sobre Niños del Brasil. Párraga asiente. "En Zaragoza siempre ha habido gente con cosas interesantes que contar en la música".
La "Ejtación", además, atiende a la poesía y al teatro. Allí no se espera que las cosas caigan del cielo, por dos razones: el bar no está al aire libre, con lo que cualquier cosa caída del cielo supondría destrozos y tragedias, y sus mentores, aun a riesgo de errar en el juicio, son de los que encuentran más gusto en la caza que en la conquista.
La noche se cierra con sonrisa colectiva. Madrid saluda a los valientes de la madrugada. Telón.
La opinión de Kukumbar
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